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nombres de puestos de trabajo modernos

Nomenclatura auténtica mejora el orgullo de tu equipo

Se parecen pero no son lo mismo.

Para muchos estas palabras suenan igual y piensan que no hace diferencia decir una u otra.

 

¿Empleados o colaboradores? 

¿Triste o deprimido? ¿Estás estresado o ansioso? 

¿Empleados o colaboradores? ¿Recursos humanos o Personas? 

Mi respuesta: se parece pero no es lo mismo. Y si hace la diferencia. 

 

Hoy quiero hablarles de la importancia de las palabras, y en especial de los nombres, y el rol que juegan en nuestros espacios de trabajo y en nuestra vida. 

 

¿Complejo o complicado?

 

La mayoría de la gente usa estas dos palabras como sinónimos, pero son muy diferentes.

 

Aaron Dignan en su libro “Brave New Work” explica que los sistemas complicados son aquellos compuestos por muchas variables, pero que podemos entender la causa y efecto y cómo funcionan. Los motores y las computadoras son complicados. Son sistemas que requieren un alto grado de estudio para entenderlos. Pero los que saben, pueden descubrir el problema, encontrar la raíz, y solucionarlo. 

 

Por otro lado, los complejos funcionan diferente. Hay muchas variables pero todas ellas influyen en las causas y efectos. El clima, la economía y sí, las personas, somos sistemas complejos. El problema es cuando los tratamos como si fueran complicados. En el caso de las personas, desde los niños hasta los equipos de trabajo, nos tratan de decir fórmulas específicas que van a funcionar.

 

Los sistemas complejos no se “arreglan”, lo único que puedes hacer con ellos son “nudges” pequeños cambios que desencadenan una serie de acciones y si tienes suerte van hacia la dirección que buscan. 

 

Pequeños cambios que hacemos alrededor de las personas

 

Los seres humanos somos complejos, y la interacción entre nosotros aún más. 

Kim Scott en su libro “Radical Candor” cuenta cómo ella, siendo estadounidense le tocó viajar y ofrecerle a 10 señores rusos diamanteros, cuando apenas se acababa la Unión Soviética, un nuevo trabajo para una empresa americana. Les estaba ofreciendo 10 veces lo que ganaban en el momento pero ellos no se convencían. Fue cuando decidió hacer una parrilla donde pudieron compartir, entrar en confianza y expresar sus verdaderos temores de tomar el trabajo. 

 

Y así como esos dimanteros, somos el resto de las personas. Las motivaciones extrínsecas, como los premios, bonos, y mesas de ping pong no suelen ser suficientes. Buscamos ser escuchados y reconocidos. De hecho, Gallup concluye que cuando nos ignoran en el espacio de trabajo el 40% de las personas se desconecta de su labor. 

 

Uno de esos “pequeños cambios” que hemos visto que funciona y genera grandes efectos en las personas es el naming, darles nombres propios, una nomenclatura auténtica que represente su rol y los haga sentir relevantes dentro de la organización. 

 

Cada persona tiene un nombre

 

Cuando profundizas en relaciones humanas, una de las cosas que salen de ellas son nombres propios, apodos que se dicen solo entre ustedes. Desde tus hijos, pareja y grupos de amigos, para cada uno de ellos tienes un nombre. Y cada uno de ellos forma tu identidad. 

 

Estudiando derecho también me topé con la importancia de los nombres, cuando un abogado que contacté se enfureció porque le dije Licenciado en vez de Doctor. Los nombres importan. 

 

A partir de tu nombre y el nombre de tu rol te empiezas a relacionar de cierta forma con los que te rodean. No es lo mismo decir empleados o trabajadores, que asociados o miembros del equipo. 

 

No es lo mismo decir director, gerente, supervisor, superior, que CEO, presidente, líder, gurú, jefe. Cada uno puede representar el cargo más alto o de los más altos en la empresa pero cada uno te dice algo diferente. Y desde esa diferencia nos empezamos a relacionar. El nombre de tu rol debe representar lo que haces y lo que quieres lograr con él. 

 

Nomenclatura auténtica para mejorar el orgullo de los colaboradores

 

Muchas organizaciones han empezado a generar nombres propios a sus miembros, a sus tribus y a los roles en específico. También es una práctica común en comunidades digitales. Google, por ejemplo, que llama a los nuevos integrantes Nooglers. 

 

En DAR acompañamos a las organizaciones a crearlos con base a su identidad. Buscamos en los nombres congruencia, aspiración e inspiración.

 

Para ilustrar, les traemos dos ejemplos de empresas con las que trabajamos. Homework, un coworking space en la Ciudad de México cuyo propósito es crear espacios de bienestar accesible impulsando comunidades libres, en lugar de tener una CEO tiene una Workstyle Architect y en lugar de tener gerentes tiene Builders. Karati, una fábrica de bisutería, cuyo propósito es fabricar con los detalles arte impulsando a grandes creadores, tiene un Maestro (CEO) y artesanos (antes maquiladores) e impulsadoras (vendedoras). 

 

Desde mesoneros, guardias de seguridad hasta CEOs y COOs pueden tener nombres más auténticos que los ayude a relacionarse mejor con su rol. Potencia a tu organización con nombres de puestos de trabajo modernos.

 

Simon Sinek justamente argumenta en su libro “The Infinite Game” que aunque muchos aspiran llamarse CEOs, en realidad no significa nada ese término. Chief Executive Officer. ¿Officer? ¿Executive? ¿Qué te dice eso de tu rol? En realidad muy poco. 

 

Darle un nombre auténtico a un rol típico como “comprador” dentro de una organización eleva el sentido de pertenencia a la organización y mejora el entendimiento de sus resultados. Es un cambio pequeño, sus efectos no son inmediatos pero sí duraderos, como todos los que funcionan en los sistemas complejos. Inténtalo, no cuesta. 

 

Recomendación: Escuchen este podcast  sobre emprendimientos y marcas con propósito.

 

 

Daniela Blank.

Orgullosa de ser INVI en DAR.

 

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